Ecocapitalismo Discursivo: la construcción de la mentira sustentable

Diego L. Forte

Desde la década del noventa, occidente ha asistido al desarrollo de un espíritu ecologista: gobiernos y empresas hablan de sustentabilidad, ambientalismo, reciclaje, recursos escasos, contaminación y demás. Como sucede con toda la información que ingresa al sentido común de una sociedad, repetimos estos términos sin cuestionarnos de dónde vienen ni cómo fueron construidos ni cuál es su impacto real en el mundo. Mi intención en las siguientes líneas es realizar una breve descripción del origen de este “espíritu ecologista” así como un esbozo de su impacto en las prácticas sociales de las grandes ciudades occidentales.

En principio es importante considerar dos cuestiones: por un lado los humanos nos hemos hecho conscientes del daño que provocamos como especie solo a partir de la contaminación medioambiental que producimos. Hasta entonces no habíamos pensado, como especie, que nuestra acción en el entorno dañaba a otras especies. Por otro lado, esta contaminación medioambiental se hace evidente en la era postindustrial y con el desarrollo masivo del capitalismo de la segunda posguerra.

El medioambiente comienza a ser un tema en la agenda pública occidental a partir de 1972 con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, llevada a cabo en Estocolmo de entre el 5 y el 16 de junio de ese año. Este es el primer antecedente de algún tipo de preocupación por el impacto humano en el planeta tierra. Bastante endeble, por cierto, y muy atado a cuestiones comerciales.

El hito fundamental en la percepción del impacto humano es el denominado Informe Brundtland, de 1987. El trabajo elaborado por la comisión que presidió la entonces primer ministro de Noruega Gro Harlem Brundtland establecía por primera vez una serie de puntos a tener en cuenta para compatibilizar desarrollo comercial e industrial con el cuidado del planeta. Es aquí donde aparece por primera vez el término desarrollo sustentable.

El informe es fundacional porque establece por primera vez de forma abierta y masiva en el occidente moderno la idea de cuidado del medioambiente y postula que el desarrollo industrial es, de alguna manera, nocivo. Es partir de aquí que la idea de “cuidar los recursos naturales” comienza a desarrollarse con fuerza. Pero este cuidado también incluye una categoría construida con anterioridad: recursos naturales. Esto implica la consideración de la naturaleza como recurso.

Vayamos un poco hacia atrás en el tiempo. Cuando la humanidad aún no hablaba y bebía agua de los estanques junto con otras especies, la naturaleza no era un recurso, como no lo es hoy para esas otras especies. Se trataba solamente del entorno en el que vivíamos. Con la aparición del lenguaje primero, la tecnificación de diferentes prácticas y la complejización de las sociedades humanas, todos los elementos que utilizamos en la vida diaria cobraron una importancia por su valor de uso y su valor de cambio: esto los convirtió en recursos. El desarrollo industrial y el capitalismo moderno llevaron esta categorización a su punto máximo al extender la idea de éxito comercial como algo positivo.

En un contexto de desarrollo industrial como el occidental de la segunda mitad del siglo XX, y considerando el peso político de los dueños de la industria, producir algún tipo de cambio sustantivo en los modos de producción, que por supuesto significaría una pérdida de dinero, se vuelve al menos extremadamente difícil. A esto debemos agregar la repercusión de esa pérdida de dinero en los puestos de trabajo de la clase obrera, lo cual generaría descontento en las masas trabajadoras cuyo contexto inmediato no necesariamente permite considerar al medioambiente como una problemática. Cuando se tiene que comer existen otras prioridades. De esta forma, el ambientalismo comenzó a volverse más y más una etiqueta discursiva, una forma de hablar de las cosas en lugar de una forma de hacer las cosas. El informe Brundtland no lo decía explícitamente, pero en lugar de propender hacia la reducción de la contaminación, destrucción del medioambiente y el impacto humano, comenzó a convertirse en una forma de compatibilizar la destrucción en pos del éxito comercial con el discurso sobre el cuidado de la tierra. De esta forma, los gobiernos y las empresas comenzaron a establecer programas de reciclado, se favoreció la producción de materiales “sustentables” y se promovió un comportamiento “eco-friendly”.

Pero el lado oscuro de esta situación es el que se produce por debajo del discurso, en la práctica social asociada, pero que está determinada por aquel: se promueve la “despapelización” como una forma de cuidar los bosques sin considerar que el reemplazo del papel por computadoras genera una mayor cantidad de desperdicios electrónicos, una mayor contaminación; sin contar las consecuencias ambientales y sociales de la minería en países africanos y americanos debidas a las condiciones de extracción de los materiales: desde contaminación  hasta guerras civiles, esclavitud, muertes por diversas enfermedades y destrucción que involucra a humanos y no humanos.

Algunas marcas de gaseosas y agua mineral etiquetan sus botellas plásticas como Eco-Botellas debido a que pueden reciclarse, aunque sería mucho más ecológico utilizar materiales no plásticos, sumado a lo cual, las metas para la implementación de programas sustentables que ponen son irreales o ridículas. De esta forma todos tiramos el papel usado en cajas de cartón “para reciclar”, juntamos tapitas y botellas que serán reutilizadas, en lugar de exigirles a nuestros gobiernos que fuercen a las empresas a adoptar un comportamiento consciente y no fabricar materiales que sean nocivos aunque puedan reutilizarse.

Finalmente, existe otra cuestión. Mucho antes de que el informe Brundtland pusiera de relieve estas cuestiones, otras tradiciones de pensamiento, diferentes del cristianismo, remarcaban el impacto de la humanidad sobre otras especies: la escuela de los Pitagóricos en la antigüedad clásica ya mencionaba las consecuencias de la utilización de otras especies como alimento, vestimenta, fuerza de trabajo o entretenimiento. Carol Adams, en su libro The Sexual Politics of Meat menciona también el amplio movimiento anticrueldad animal y su relación con las posturas anti industrialistas en la Inglaterra Victoriana.

En países como Argentina, con su amplia tradición en la industria de la carne, esta constituye una gran fuerza lobista a desarmar en relación al ambientalismo. Como cualquier otra industria en un mundo capitalista neoliberal, no tiene ningún interés en reducir sus ganancias por el bien del planeta, por lo cual es capaz de invertir tiempo, dinero y recursos diversos en influir sobre los consumidores y sus opiniones respecto de ella.

Considerando todas estas situaciones, es imprescindible recordar que el crecimiento descontrolado de la población humana también colabora en el impacto sobre el planeta y las demás especies. Todas las problemáticas mencionadas más arriba existen desde hace varios siglos pero nuestra especie se ha dado cuenta solo recientemente de las consecuencias que acarrean. La solución real de estas cuestiones debe contemplar todas estas posiciones y sobre todo, hacerlo en el corto plazo; los efectos de nuestras decisiones están a la vuelta de la esquina.

 

 

Bibliografía recomendada

Adams, C. (1990). The Sexual Politics of Meat: A Feminist-Vegetarian Critical Theory. London: Bloomsbury. 

Forte, D. (Ed.). Lenguaje y Biodiversidad: nuevas perspectivas para viejas desigualdades. Buenos Aires: Ecolingüística Argentina.

Greco, C.  y Crespo, D. (2012). Nunca fuimos ambientalistas. Buenos Aires: Prometeo.

Stibbe, A. (2012). Animals Erased: Discourse, Ecology and the Reconnection with the Natural World. NY: Wesleyan University Press.

Stibbe, A. (2015). Ecolinguistics: The Stories We Live by. London: Routledge.

Repudio al golpe de estado en Bolivia

Si bien este blog está dedicado a la difusión de actividades y estudios relacionados con el desarrollo de la ecolingüística no podemos pasar por alto la situación planteada en la República Plurinacional de Bolivia. Repudiamos el golpe de estado perpetrado en el país hermano y esperamos una pronta recuperaciónd el estado de derecho.

IV ENCONTRO BRASILEIRO DE IMAGINÁRIO E ECOLINGUÍSTICA

4-7 de dezembro de 2019 – Goiânia – GO

Inscrição

Ouvintes

O participante deve enviar um e-mail com o assunto “Inscrição – ouvinte” para: , contendo nome completo, afiliação institucional e estatuto (professor(a)/ pesquisador(a)/ aluno(a) de pós-graduação/ estudante). Após o envio dos dados será encaminhado um e-mail confirmando o recebimento e a inscrição.

https://quartoebime.wixsite.com/4ebime/inscricao

 

ICE 4 – Odense, Dinamarca

Entre el 12 y el 15 de agosto se llevó a cabo la ICE 4 – International Conference on Ecolinguistics, en la SDU (University of Southern Denmark), en la ciudad de Odense, Dinamarca. Estuvimos ahí y les presentamos algunas fotos y comentarios de lo que sucedió.

IMG-20190818-WA0004

De izquierda a derecha: Mario Leto, Paul White, Alwin Fill, Ivy Gilbert, Diego Forte, Arran Stibbe, Alena Zhdanava y Mariana Roccia.

Contó con las presentaciones de Arran Stibbe

20190812_091219

Hildo Do Couto,

20190813_173448

Mai Kuha,

20190814_160734

Alison Moore,

20190815_100834

entre otros.

También asistimos a las presentaciones de Joao Avelar, Lutiana Casaroli, Alena Zhdavana, Ivy Gilbert, Mira Lieberman y Mario Leto.

La importancia de esta conferencia fue fundamental no solo para los estudios ecolingüísticos sino también para los estudios animalistas y ambientalistas en general.

Forte – Framing Argentina. The Story of Meat

La siguiente foto es cortesía de nuestra amiga Mira Lieberman-Boyd:

20190813_151211

Presentación Diego Forte

20190814_143428

Presentación Mira Lieberman-Boyd

 

 

ULTIMATUM

El Citep (Centro de Innovación en Tecnología y Pedagogía) dependiente del rectorado de la Universidad de Buenos Aires presenta un juego gratuito virtual en el que aborda la temática ambiental.

La ciudad de Pompeii amaneció enterrada en basura. Los rellenos sanitarios en los que se depositaban los desechos generados por sus habitantes colapsaron.

El gobierno de la ciudad convoca a voluntarixs a integrarse a los equipos de cada barrio para ayudar a resolver la crisis ambiental.

  • Convertite en ciudadanx de Pompeii, jugá e iniciate en la lectura de textos académicos que te ayudarán a encontrar soluciones y ganar puntos.
  • Elegí desde qué rol colaborar y creá materiales de difusión que tiendan puentes entre la ficción y la realidad.
  • Interactuá con otrxs para proponer estrategias que mejoren la situación de tu barrio y tus vecinxs.

Tendrás cuatro semanas para atravesar diversos desafíos que te llevarán a aprender sobre la problemática y a contribuir en su resolución.

Responsables del gobierno, medios de comunicación, activistas, expertos, líderes barriales e influencers serán protagonistas clave de esta experiencia, interactuando con lxs ciudadanxs a través de las redes sociales. ¡Seguilxs!

 

ULTIMATUMhttp://citep.rec.uba.ar/ultimatum/